¿El gobierno se quedó sin agenda?

Artículo publicado en www.vadenuevo.com.uy nº 107, agosto 2017 Artículo publicado en www.vadenuevo.com.uy nº 107, agosto 2017

POR JOSÉ LUIS PICCARDO
Publicado en vadenuevo.com.uy https://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3921-107-vadenuevo03

Aunque en el artículo la pregunta del título quede relacionada a algún comentario mediático puntual, conduce a una reflexión más amplia sobre las características del gobierno del Frente Amplio y a sus diferencias respecto a otras maneras de entender los cambios sociales y políticos.


Es difícil negar que los gobiernos del Frente Amplio (FA) introdujeron transformaciones estratégicas relevantes que se hicieron sentir en la vida de los uruguayos, independientemente de la opinión que se tenga de ellas. Esas transformaciones se inscribieron en la historia del país, tomaron factores favorables construidos anteriormente y corrigieron o sustituyeron otros, que se presentaban como escollos para los objetivos del FA. En 2005 no se produjo el nacimiento de una nueva sociedad, sino la apertura de un proceso, con su potencial de cambios, su flexibilidad, su dinámica y su propósito transformador permanente. No fue un gran acto fundacional.
El FA llegó al gobierno con un conjunto de iniciativas sujetas a evoluciones, a correcciones, a ensayo y error, a aprendizajes y a adecuaciones a una realidad cambiante y en gran medida impredecible. Pero las transformaciones operadas fueron radicales para el país. El programa del FA, el que votó la ciudadanía, no inspiraría construcciones definitivas sino procesos que se continuarían, incluso con la incorporación de nuevas reformas estructurales en los periodos de gobierno sucesivos.
LA INCLUSIÓN FINANCIERA, ENTRE OTRAS
Cuando se dice que considerar la inclusión financiera como parte destacable de la agenda del gobierno es la demostración de que a éste la falta rumbo, se incurre a nuestro juicio en dos errores. Primero, no se tiene en cuenta que esta nueva reforma no solo complementa reformas anteriores y contribuye a su consolidación y a la transparencia del sistema financiero, sino que aporta a los cambios económicos y sociales nuevas dimensiones en materia de equidad y eficiencia, entre ellas, nada menos, una que ha pasado a primer plano en estos tiempos: la de la renovación tecnológica. Segundo, una opinión como la mencionada no dimensiona en su justa medida el efecto que está llamado a tener un proceso que abre nuevas facilidades de acceso a mecanismos necesarios para la gente, sobre todo para quienes han estado más lejos de poder utilizarlos, como el financiamiento, el crédito, el ahorro, además de coadyuvar a la seguridad.
El comentario sobre la supuesta falta de rumbo y debilidad de agenda surgió en el espacio mediático a raíz de una respuesta de Danilo Astori en la entrevista con el periodista Emiliano Cotelo del 18 de julio, en el informativo Telemundo, en la que, a título de ejemplo de cambios relevantes en este periodo, el ministro mencionó el plan de inclusión financiera. Pero también destacó -y fue omitido en el comentario crítico- el plan de infraestructura, que por razones de tiempo, dadas las características del espacio televisivo, tampoco desarrolló. También podrían señalarse por su gran impacto en el futuro del país la continuación de los cambios en el agro (que no se limitaron a la trazabilidad, de indiscutible importancia), las nuevas etapas del Plan Ceibal (como el proyecto Ibirapitá), la incorporación de tecnologías para la seguridad y la convivencia ciudadanas, nuevas medidas en el proceso de cambios de la matriz energética, el plan de vivienda, que aunque falte mucho sigue avanzando, o el plan de cuidados, que recién comienza. Estas y varias otras iniciativas construyen acumulaciones hacia nuevos cambios, y esas acumulaciones hacen también a la reclamada agenda.
Respecto a la inserción internacional, el gobierno también ha marcado un rumbo y va construyendo agenda. Pero, además de las complejidades del escenario regional y mundial, diferencias en el seno del FA han dificultado decisiones importantes en materia de apertura comercial y de inserción en el más amplio sentido, que facilitarían el acceso a tecnología, a cadenas productivas y a espacios donde se deciden aspectos clave de los intercambios entre países y bloques y a nivel global. Podría seguirse ejemplificando acerca de la agenda del gobierno en diferentes áreas, sus proyecciones, posibilidades, trabas y desafíos.
También hubo proyectos que no pudieron desarrollarse, como Aratirí, el puerto de aguas profundas y la regasificadora (al menos en su propuesta inicial). Una agenda -en este caso de infraestructura física- no se viabiliza mediante maquetas atractivas, sino con pasos bien estudiados, cautelosos aunque no exentos de audacia y creatividad. Los emprendimientos que no prosperaron también dejaron enseñanzas en la tarea de concebir agenda.
DESCONTENTOS CON CAUSA
Por supuesto que hay debes preocupantes. En educación, sin duda, pese al incremento sin precedentes de recursos presupuestales durante los últimos años, existen notorias debilidades de agenda, o acaso sería más justo hablar de propuestas acordadas. En la salud, donde sí se acometió una reforma radical que logró la inclusión del conjunto de la ciudadanía, se requieren correcciones y actualizaciones. Algo similar acontece en otras áreas.
La valoración ampliamente positiva que en nuestra opinión debiera hacerse de los gobiernos del FA no implica desconocer el indiscutible descontento entre la población, incluyendo a muchos frenteamplistas. Sus múltiples causas merecen un análisis que aquí no se hará. No obstante, cabe destacar las fallas que se manifestaron durante la gestión, y conductas que no logran justificarse y que son incompatibles con valores históricamente reivindicados por el Frente.
Pero sería bueno, al tiempo de señalarse los debes, las fallas y sus causas, reconocer los resultados logrados estos años, que contrastan con las graves dificultades de otros tiempos, y evitar las simplificaciones. En éstas se incurre, por ejemplo, cuando se identifica el plan de infraestructura con un mero respaldo a la operativa de la segunda planta de UPM, como si no hubiese habido fuertes controversias entre el gobierno -que desea la instalación del emprendimiento pero no a cualquier precio- y la compañía finlandesa. También en cuestionamientos como este se puede percibir una postura de lejanía respecto a la gente, en este caso a sus necesidades en materia vial (o sea, productivas, de reactivación de zonas de menor desarrollo, de transporte, turísticas, de integración y vinculación humana, tan necesarias en el interior).
Aunque el gobierno tiene problemas que sería necio negar, sostener que carece de agenda, que no tiene rumbo, no se compadece con los resultados que, pese al complejo contexto regional, se siguen obteniendo. En cambio la oposición sí está dando una muestra de lo que es no tener agenda. Su rumbo, reiteradamente enunciado, consiste en “evitar que gane el Frente Amplio” en 2019. Nadie puede saber hasta ahora qué haría la oposición con las transformaciones puestas en marcha en los últimos años, cuáles son sus planes alternativos.
PESE A TODO
Sistema tributario, sistema de salud, plan de infraestructura, continuidad y renovación de las reformas estructurales iniciadas… Puede parecer poco comparado con las grandes plataformas revolucionarias de los siglos anteriores. Incluso aparenta poco al lado de la tarea que hubo que encarar tras asumir el gobierno por primera vez, emergiendo como país de la devastación que provocó la crisis. Ahora no hay que poner en marcha un Uruguay golpeado en su economía y en el ánimo de su gente. Hoy los objetivos son otros, y los desafíos y dificultades también.
El programa que el FA lleva adelante tiene sus propios tiempos -que no dejan de ser acuciantes-, sin el tono épico y romántico de estructuradas plataformas universales. Ahora se necesita un programa que actualice permanentemente su agenda. Un programa que no reclame a cada rato grandes enunciados, formulaciones propagandísticas entusiasmantes. El entusiasmo, en todo caso, vendrá con los logros que renueven perspectivas y con balances adecuados que lleguen a la población.
Tal vez la nostalgia que dejaron superadas experiencias a nivel internacional ayude a mantener la capacidad de indignación ante la obscena inequidad del mundo contemporáneo y a fortalecer la voluntad de construir sociedades más justas y libres. Pero aunque sea un sentimiento noble y respetable, también puede ser, librado a una cierta inercia ideológica, un lastre que debilite los esfuerzos para encarar los cambios en esta época, para esta época. Tras aquellas utopías frustradas, sobrevino la utopía regresiva de pretender el fin de la historia y de las ideologías. Una monstruosidad que dejó marcas en programas y enunciados de partidos y sectores políticos contemporáneos -también en Uruguay, claramente-, y que reafirma la necesidad de continuar bregando en base a principios por el desarrollo, la justicia, la libertad y la paz en el planeta.

En este mundo complicado y desafiante, el Frente Amplio cambió mucho en el Uruguay. Pensando en lo que se hizo, asumiendo lo que falta, así como los errores y las omisiones, es injusto decir que se ha quedado sin agenda. Lo es aun reconociendo el peso de retrasos y problemas como los esbozados, o la compleja interna del FA que no está ayudando como debiera en la difícil tarea de gobernar, de seguir transformando el país, pese a todo.

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