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Jóvenes, universitarios, defensores de la educación y del gobierno, ¿se puede?

Ponerse la camiseta de la educación pública y a la vez la camiseta del proyecto del FA no es una contradicción, es ser coherente Ponerse la camiseta de la educación pública y a la vez la camiseta del proyecto del FA no es una contradicción, es ser coherente

POR FLORENCIA AGRAFOJO Y JOAQUÍN RECALDE*

En los últimos días hemos asistido a más de una manifestación en defensa de la educación pública; acompañamos los paros y las marchas. Estamos convencidos de la necesidad del 6% del PBI para ANEP y UdelaR y el 1% para investigación, y eso nos lleva a defenderlo fervientemente en las calles, en nuestros ámbitos de militancia estudiantiles y partidarios. Estamos comprometidos con la construcción de una mejor educación para todas y todos los uruguayos, una educación concebida como derecho humano y como espacio privilegiado para la construcción de democracia, ciudadanía y cohesión social, como parte integrante de un modelo de desarrollo humano y social, igualitario, solidario y sustentable. Además, somos jóvenes militantes del Frente Amplio y de Asamblea Uruguay -el sector del Ministro de Economía-, y aunque hoy en día muchos quieren hacer creer que eso es incompatible, no es así.
Ser “oficialista” no es ser conformista, no es ser menos joven, no soñamos menos ni abandonamos la utopía de un país con justica y libertad. Salimos a las calles y gritamos nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras alegrías y nuestras desilusiones.
Recordamos la última marcha a la cual asistimos, la del 14 de agosto, en la cual en un momento se cantó “Astori botón, te vendiste a los yankees, entregaste el país, sos un hijo de puta, te tenés que ir”. En ese momento sentimos que teníamos que dirigirnos a esos jóvenes, que, como nosotros, vivieron la mayor parte de su vida durante gobiernos frenteamplistas y que tienen, como nosotros, asumidos ciertos derechos y conquistas; pero no siempre fue así. Ese “botón e hijo de puta que entregó el país”, es protagonista del único proyecto de país capaz de mejorar la calidad de vida de la gente, un proyecto serio y posible. Ese “botón” hace 12 años que dirige la economía de nuestro país y -al menos que nosotros suframos de algún tipo de trastorno- nos ha ido bastante bien.
Ya que algunos no lo saben, y otros no lo recuerdan, los invitamos a recordar cómo era el PIB para la educación hace unos pocos años atrás. En la primera mitad del siglo pasado el PIB destinado a la educación variaba entre 1% y 1,8%. Pasado medio siglo el mismo llegó a rozar un valor muy cercano a 4%, el cual fue descendiendo en los años grises, hasta caer finalizando el gobierno de Lacalle Herrera a un 2%. Hace 12 años que nuestro partido político llegó al gobierno –si comparamos la historia de nuestro país con la vida de un ser humano, 12 años en la historia del Uruguay serían algo así como 5 años de tu vida- y comenzó a llevar a cabo un proyecto político de izquierda que no comenzó con un “impuestazo” como el de los años 90, sino con una reforma tributaria en el año 2007 que hacía que la gravabilidad de las rentas fuera progresiva, teniendo en cuenta que quien gana más debe contribuir con más.
El presupuesto para la educación pasó entonces de 3,2 % a 5%, y ni hablar que no es lo mismo el 5 % de un PIB de USD 17.000 millones (PIB de 2005) que un 5 % de USD 52.000 millones (PIB de 2016). En 12 años el salario de un docente de primer grado con 20 horas semanales aumentó de 6.000 pesos (unos 15.000 actualmente si le agregamos el aumento de costos) a unos 27.000 aproximadamente, y serán algo más de 30.000 al final del período. En el caso de los docentes de séptimo grado, el salario por 20 horas semanales llega a 43.000 pesos y por 40 horas semanales a 85.000. Además, según el informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2015-2016 realizado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEED), la cobertura de niños, adolescentes y jóvenes en la educación media obligatoria relacionada al nivel de acceso, avance y egreso aumentó notoriamente entre 2006 y 2015. También la titulación de los profesores de secundaria aumentó: en 2007 era de 59% y en 2015 alcanzó al 67%.
En esta semana comenzó a funcionar una guardería para hijos de estudiantes liceales que asisten al turno nocturno, para que quienes desean terminar sus estudios lo puedan hacer con la tranquilidad de que el cuidado de sus hijos e hijas esté en buenas manos. “Rinconcito de Luz”, así se llama la primera, que seguramente será la pionera. Ni que hablar de las mejoras edilicias, que podemos cansarnos de enumerar. Jamás nos hubiéramos imaginado poder entrar y ver renovado al Liceo IAVA por la calle Rodó, ni tampoco tener una Facultad de Ciencias de la Comunicación (FICC) habitable, con una estructura edilicia de alto nivel, recibiendo en esa misma edificación a miles de estudiantes de otras carreras, ya que los ingresos de estudiantes a la Universidad de la República (UdelaR) son cada vez mayores.
Recordemos las tantas escuelas públicas que allá por mediados de los '90 y principios del 2000 tenían ratas y donde la hepatitis A era una enfermedad habitual por la mala higiene.
Otra transformación no menor de este gobierno fue fomentar la Universidad del Trabajo (UTU), que pasó de tener 59.000 ingresos en el año 2005 a unos 100.000 en la actualidad, habiendo aumentado notoriamente la cantidad de carreras que allí pueden realizarse actualmente. No olvidemos tampoco la aparición de la Universidad Tecnológica (UTEC), creada por la ley 19.043 del año 2012 con sede en el interior del país y que ofrece una propuesta de educación terciaria universitaria pública de perfil tecnológico orientada a la investigación y la innovación, abierta a las necesidades del nuevo Uruguay productivo.
Sin embargo, nos parece positivo que los jóvenes salgamos a las calles, recordemos y homenajeemos a nuestros mártires estudiantiles, y no nos olvidemos que murieron por luchar en defensa de sus derechos, que hoy en día son los nuestros (como el boleto gratuito estudiantil a partir del año 2012). Entendemos que es necesario seguir peleando por ese 6% y aceptamos todo tipo de movilización al respecto. Pero lo único que le pedimos a todos esos jóvenes, seguramente de izquierda, como nosotros, es que no se olviden y que al mirar para adelante antes miren hacia atrás, y analicen cómo nuestro país ha mejorado la educación pública en estos últimos años.
Además de esto, en 12 años se ha creado un programa nacional de primera infancia “Uruguay Crece Contigo” que realiza el seguimiento de embarazadas, niños y niñas en los primeros años de vida, garantizando una buena crianza y mayor igualdad de oportunidades, se ha bajado la pobreza de un 40 % a un 6,2 %, tenemos el índice de salario real más alto de los últimos 40 años y la inflación más baja de los últimos 12. Muchos se preguntarán qué tiene que ver esto último con educación. Nosotros les decimos que, como dice No Te Va Gustar: “con hambre no se puede pensar”. Reconocemos también todo lo que falta por lograr, que seguramente sea más de lo que se ha logrado, pero a la vista está que el proyecto de país de nuestra fuerza política es el único capaz de generar los cambios que nuestra sociedad necesita, sin prisa pero sin pausa. En consecuencia, y respondiendo a la pregunta del principio, ponerse la camiseta de la educación pública y a la vez la camiseta del proyecto político del Frente Amplio no es una contradicción, es ser coherente.

*Joaquín Recalde (20) y Florencia Agrafojo (27) son militantes de la Jota21. Joaquín, estudiante de Medicina, delegado al Plenario Departamental del Frente Amplio, Canelones y al Ejecutivo Departamental de Asamblea Uruguay por la juventud. Florencia, Técnica Universitaria en Administración y estudiante de la Facultad de Derecho. Es Concejala Vecinal por el Zonal 2, Municipio B y delegada a la Coordinadora B por su Comité. 

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