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Mahía: “El Frente Amplio tiene que volver a los consensos generosos y amplios”

El objetivo del Congreso es generar consenso y armonización, dentro de los distintos sectores El objetivo del Congreso es generar consenso y armonización, dentro de los distintos sectores @juliobangoA

ENTREVISTA AL PRESIDENTE DE DIPUTADOS Y VICEPRESIDENTE DEL FA

“El Frente Amplio tiene que volver a los consensos generosos y amplios, que buscaban incluir. No podemos regresar a la realización de políticas que se impongan sobre otros. Si yo estoy en un Frente en donde hay demócratas cristianos y hay marxistas leninistas, tengo que buscar una línea de trabajo que me permita acumular y no obligar.
Esa es la línea esencial: tener claro que no es una cuestión de competencia interna sino de mejorar acuerdos que nos permitan expandirnos y multiplicar nuestradiversidad como fuerza política”, declaró a La República el diputado de Asamblea Uruguay José Carlos Mahía, presidente de la Cámara de Representantes y vicepresidente del Frente Amplio.
Dicha afirmación surge en un contexto particular. Hoy se realizará el Congreso VI denominado “Rodney Arismendi”. El objetivo de la reunión es generar consenso y armonización, dentro de los distintos sectores, sobre los temas más paradigmáticos, los cuales son: Uruguay en un mundo globalizado; desarrollo sostenible; estado, mercado y sociedad y, por último, la institucionalidad democrática, poder y gobierno.
Es por esta razón que el legislador opinó sobre la reunión, qué se podía esperar de ella, cuáles eran los principales retos que tiene el Frente por delante y cuáles son los asuntos más importantes que se tratarán, en el congreso, de cada uno de los temas.

¿Qué importancia tiene para usted este Congreso?
Es un congreso que completa una etapa de evaluación sobre algunas las posturas generales del Frente Amplio. No es una instancia que defina el programa de gobierno o las candidaturas, cuestiones que son claramente más fuertes, sino que se refiere a los principios que son comunes a todos los sectores. En ese sentido, en este evento se busca actualizar algunos lineamientos.

¿Puede igualmente influir en el programa de gobierno?
Como orientación general es posible que influya en el programa de gobierno. Sin embargo, en realidad no es un congreso programático. Este último se realizará el año que viene y para que esto ocurra tiene que trabajar de forma anticipada la comisión de programa para elaborar informes y pasarlos a la mesa política y al secretariado.Por lo tanto, un programa de gobierno implica un trabajo sobre otros contenidos y otras definiciones que hacen a una futura administración del Frente hacia 2020-2025.

Al haber varios sectores en el Frente Amplio que opinan de forma diferente, ¿esta instancia puede ser vista como un intento de unificar visiones?
Si. Lo veo por el lado de articular la diversidad. El Frente Amplio tiene que volver a los consensos generosos y amplios, que buscaban incluir. No podemos regresar a la realización de políticas que se impongan sobre otros. En este caso, se supone que el congreso remite a los principios comunes.
Si yo estoy en un Frente Amplio en donde hay demócratas cristianos y hay marxistas leninistas, tengo que buscar una línea de trabajo que me permita acumular y no obligar. Esa es la línea esencial: tener claro que no es una cuestión de competencia interna sino de mejorar acuerdos que nos permitan expandirnos y multiplicar nuestra diversidad como fuerza política.

¿Cuáles son los desafíos que presentan los temas que se van a dar en el congreso?
Antes que nada considero pertinente aclarar que los temas del congreso son algunas de las grandes líneas por las cuales se definen políticas de estado. En cada una de ellas hay un capítulo. El Frente Amplio ya tiene definiciones programáticas en algunos apartados y en otros tiene que actualizarlos.
Creo que el mejor aporte que tenemos es actualizar el debate. Rejuvenecerlo con nuevos insumos para un mundo y una región que cambió con respecto a la situación que vivía el Frente en sus orígenes e incluso, se ha modificado con respecto a aquel contexto en cual asumió el gobierno en 2015. Hubo transformaciones fuertes.
Cambió Brasil y se transmutó Argentina en su orientación ideológica. Venezuela está en una situación muy compleja, Estados Unidos tiene a Trump y hay un mundo en donde ya se tiró una bomba. Por tanto, estamos en unas circunstancias bastante más duras que en otras épocas.

¿Cuáles son los retos que tiene el Frente por delante?
Para mí, el mayor desafío en el trabajo interno. Hay que actualizar su estructura, hacerla más ágil y moderna, formar cuadros políticos, darle contenidos y hacer de eso una bandera y, al mismo tiempo, acompañar al gobierno del Frente Amplio en su gestión para que no se sienta solo.
Eso es muy importante pero no significa decir amén a todo lo que salga del Poder Ejecutivo sino, fundamentalmente, poder afirmar que tenemos una fuerza política que sabe apoyar y criticar pero que se siente orgullosa de la administración que le propuso a la gente.

¿Cuáles son los principales desafíos que usted cree que enfrenta Uruguay en un mundo globalizado?
Sobre todo reforzar las identidades nacionales en cuanto a lo cultural y, desde el punto de vista político, priorizar la unidad latinoamericana y la vinculación con el eje sur-sur y con los países que tienen una situación de debilidad y de una historia muy larga de subdesarrollo y dependencia que son nuestros pares y al mismo tiempo tomar las oportunidades que el siglo XXI nos pone adelante esto es aplicar un regionalismo abierto, lograr una mayor inserción de Uruguay en el mundo desde el punto de vista económico y comercial y que esto devenga en mejores posibilidades para el trabajo de los uruguayos, para la colocación de productos en el exterior, y para la captación de inversiones productivas para el país que nos permitan seguir creciendo. En ese sentido los desafíos son muy amplios y tenemos todavía mucho por andar.
Uno quisiera que América Latina fuera más integrada y siempre vamos a abogar por ello. El tema es el mientras tanto y el Uruguay tiene que aceptar ese desafío con toda la potencialidad que tenemos más allá de nuestra dimensión geográfica o demográfica. Nuestra propuesta, en términos conceptuales, está en la calidad.

¿Cuáles son las mayores desafíos que tiene el desarrollo sostenible en nuestro país?
Creo que es el desafío más importante: producir una sostenibilidad financiera, económica, social y medioambiental. Ese es el camino que indican las pautas internacionales, las pautas de ODS. En ese sentido, creo que Uruguay lo viene desarrollando bien. Pongo el ejemplo del caso del turismo, los servidos y la logística.
Considero que aún hay un enorme potencial a desarrollar y existen desafíos que a veces nos interpelan como es el de la educación. La apuesta no es solo a mejorar la asignación presupuestal sino a transformar algunos de los contenidos con el objetivo de que la educación sea más atractiva para los jóvenes y que tenga una vinculación real con el mundo del trabajo.

¿Cuáles el rol que tiene que tener el Estado con respecto al mercado y a la sociedad?
Nosotros apostamos, desde el comienzo de nuestros gobiernos, al crecimiento de la economía y a la distribución de la riqueza. En este tema tenemos los mejores índices de América Latina y demostramos con hechos que el paradigma neoliberal de los noventa era perjudicial para el desarrollo de la población y un error conceptual.
En los 90 crecía la torta y esperaban el derrame para que cayeran algunas migajas sobre la población. El crecimiento nunca se expresó en un aumento de los beneficios de la sociedad en su conjunto. Las políticas de Estado tienen que estar al servicio de las políticas sociales.

¿Cuáles son los principales retos que tiene la democracia en nuestro país?
Tenemos que hacer una fuerte apuesta a seguir fortaleciendo a la democracia en su sustancia, en el sostenimiento de sus instituciones y en la profundización de la descentralización para que el Estado esté cada vez más cerca del ciudadano común. En materia de los partidos políticos, hay una iniciativa en el Senado que aporta mayor transparencia y menor dependencia, a los partidos, de los ingresos económicos que provienen del sector privado.

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