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Primera infancia y políticas públicas

Debemos asumir que todavía estamos en un debe muy grande con relación a la primera infancia Debemos asumir que todavía estamos en un debe muy grande con relación a la primera infancia Francisco Connio

POR JOSÉ CARLOS MAHÍA*

Hace unas semanas el Ministerio de Salud Pública presentaba los últimos datos referidos a la primera infancia en el país. La situación es clara: hemos mejorado sensiblemente respecto al pasado, pero la realidad sigue doliendo.

Desde 2005 a la fecha el aumento de la inversión pública en la materia alcanzó un 107% - lo que demuestra un esfuerzo específico referido a la niñez- esto es sólo es un tercio de lo que se invierte en los adultos.

Si tomamos como referencia cercana y significativa el año 2004, tenemos que en ese entonces la pobreza infantil alcanzaba el 63%, mientras que la misma se ubica hoy en un 20%: estamos mejor que a la salida de la mayor crisis social del último siglo, pero muy lejos de la meta.

No se trata de falta de diagnóstico, ya a fines de los ’80 el Arq. Juan Pablo Terra advertía sobre la llamada “infantilización de la pobreza”.

Es nuestra responsabilidad llevar al primer lugar de la agenda pública las políticas de primera infancia, tema que hoy no figura entre las primeras preocupaciones de la gente ni del sistema político
El punto está en lo que sostiene con acierto la subsecretaria de Salud, Dra. Cristina Lustemberg: “en ninguna de las crisis de los últimos 30 años el país protegió especialmente a los niños”.

Allí está la cosa.

Porque estamos hablando de niños y niñas que nacieron o nacen hoy en hogares pobres, donde además, en un país tan pequeño como el nuestro, nunca fue difícil geo referenciar esta situación.

En Uruguay, más del 40% de la población que crece, se reproduce en los sectores sociales de mayor vulnerabilidad. Allí precisamente se producen la mayor cantidad de nacimientos, la tasa de natalidad es en esos lugares, similar a la parte más pobre de América Latina o de África.

La situación en la perspectiva asoma aún más compleja si tenemos en cuenta que contamos con una población envejecida ya que según últimos estudios demográficos, recién en 2050 vamos a alcanzar los 3:750.000 habitantes.

Paradójicamente en 1950, de cada 1000 latinoamericanos, 11 eran uruguayos, mientras que en 2011 eran 5.6 cada mil… .

Muchas veces señalamos a los años ¨90 como la época de todos los males: de la desindustrialización, del retiro del Estado, del dominio del mercado y cuestiones similares. Esto puede ser visto así y quienes lo vivimos sabemos de las consecuencias nefastas y cómo impactaron en el país.

Pero no tenemos que ir tan lejos para ver consecuencias dramáticas en la sociedad: el hambre que pasaron los hogares uruguayos de los años 2000 impactó en el desarrollo de muchos jóvenes de hoy y su inserción en la sociedad.

Las consecuencias son múltiples, estas pueden afectar las posibilidades de desarrollo e inserción de nuestros jóvenes que se expresan en el rendimiento educativo y también en el vínculo intrafamiliar e impactan, directa o indirectamente en la sociedad en su conjunto.

En el último informe presentado por el INE sobre estimación de pobreza (abril de 2017), el 6.2% de los hogares y el 9.4% de las personas se encontraban bajo la línea de la pobreza. Además el 0.1% de los hogares y el 0.2% de las personas eran indigentes. Estos datos son alentadores si tomamos en cuenta los umbrales de donde partimos en 2004 donde las cifras eran realmente alarmantes.
La pregunta que nos tenemos que hacer como sociedad es por qué durante tantos años no hemos abordado a fondo un problema que afecta a uno de los grupos más vulnerables de la sociedad
Sin embargo, lo que nos interpela de ese informe con mayor dureza es que mientras las cifras de la pobreza son las señaladas, en el caso de los menores de 6 años el 20.1% son pobres.

Contrastando con ello, sólo el 1.9% de los mayores de 65 años están con el mismo grado de vulnerabilidad que ellos.

La pregunta que nos tenemos que hacer como sociedad es por qué durante tantos años no hemos abordado a fondo un problema que afecta a uno de los grupos más vulnerables de la sociedad.

A esta altura debemos asumir que todavía estamos en un debe muy grande, que debemos hacer un esfuerzo que nos permita ver el problema en su verdadera densidad.

Que un veinte por ciento de los niños que nacen en el Uruguay, los hagan en hogares socioeconómicos vulnerables, es un problema que nos involucra a todos y pone en entredicho la meta de alcanzar una sociedad con igualdad de oportunidades o al menos con mayor cohesión social.

Las niñas y los niños no tienen sindicato que los represente, no van a las barras del Parlamento ni acampan a las afueras del mismo, tampoco hacen marchas ni arman tarimas frente a ningún Ministerio.

Por supuesto, no votan, ni pueden hacer saber su opinión por las redes sociales. Si hablamos de vulnerabilidad, este es el caso de mayor invisibilidad en la sociedad uruguaya.

En 2005 la Intendencia canaria lanzó el programa “Canelones con la mirada de los niños”, que luego derivó en “Canelones crece contigo”. Esa fue la primer experiencia de políticas de “cercanía” y de “acompañamiento” en el territorio canario, que abordaba no sólo a los niños recién nacidos sino también a sus madres y referentes familiares. Desde 2012 el Programa se implantó a nivel nacional con el nombre de “Uruguay crece contigo”.

El desafío hacia el futuro es lograr una mayor integración de las políticas públicas, ya que el Estado tiene en marcha muchos planes y programas sociales y estos no siempre articulan bien las respuestas requeridas.

El trabajo con las familias en situaciones de vulnerabilidad es un desafío enorme, ayudarlas en los problemas vinculados a niños recién nacidos y en sus primeros años de vida es determinante.

Es nuestra responsabilidad llevar al primer lugar de la agenda pública las políticas de primera infancia, tema que hoy no figura entre las primeras preocupaciones de la gente ni del sistema político.

Debemos abordar la delicada situación de la primera infancia desde una perspectiva ética y de derechos, de garantías de crecer con igualdad de oportunidades más allá del hogar donde un niño nazca.

Es una buena oportunidad para el sistema político de interpelarse a sí mismo y fijar políticas de Estado que nos hagan mirar el futuro con un compromiso firme y sustentable.

*José Carlos Mahía, Presidente de la Cámara de Diputados, docente, representante por Canelones del sector Asamblea Uruguay, Frente Amplio

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