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Payssé: Cifras de violencia de género son “alarmantes” en nuestro país

La senadora de la 2121 explica los alcances del proyecto sobre femicidio La senadora de la 2121 explica los alcances del proyecto sobre femicidio El Eco Digital

El Senado de la República debatió este martes el proyecto de ley de femicidio, que fue aprobado por unanimidad.

Los senadores acordaron un cambio al texto: se considera homicidio muy especialmente agravado todo asesinato cometido frente a menores de edad.

“Que se sepa que se las mata por ser mujeres, porque los hombres las consideran de su propiedad, porque las cosifican”, dijo la senadora Daniela Paysée al resaltar el valor simbólico de la nueva ley.
Hoy se publica una entrevista a la legisladora frenteamplista sobre los contenidos del proyecto aprobado.

El plenario del Senado votó hoy la modificación parcial del Código Penal para incluir la figura legal de femicidio, que indica el asesinato de mujeres por razones de género.
La iniciativa cuenta con votos suficientes para ser aprobada. Una vez se proyecto se apruebe lreforma dos artículos del Código Penal será remitido a consideración de la Cámara de Representantes. El Parlamento había comenzado a debatir la modificación el miércoles pasado, pero la sesión quedó inconclusa y fue postergada para este martes. La senadora del Frente Amplio, Daniela Payssé, miembro informante del proyecto, dijo a LA REPUBLICA que es una instancia trascendente en la lucha por la igualdad de los derechos tanto de hombres como de mujeres. Payssé reflexionó sobre la situación de la mujer en el Uruguay, la relación que tiene este proyecto con el Sistema Integral de Cuidados, las medidas que se han plateado en esta materia y la actuación de los medios de comunicación sobre la violencia de género. También comparó al país con la región y el mundo en cuanto a esta problemática.

A través de las redes sociales, el FA convocó a asistir hoy al Parlamento para “visibilizar un delito que tiene origen en la desigualdad y el abuso de poder que sufren las mujeres”, así como “permitir a jueces/as, fiscales y operadores/as penales el cumplimiento efectivo y la defensa del derecho a tutelarse”. La sesión comenzará a las 9.30 horas. El proyecto tipifica como “especialmente agravado” al homicidio que se comete como un acto de “discriminación” hacia las mujeres, donde se evidencia odio o menosprecio a ellas.

De esta manera, se sanciona con penas de 15 a 30 años de prisión cuando se mata a una mujer en las siguientes circunstancias:

“a) que la muerte le haya precedido algún incidente de violencia física, psicológica, sexual, económica o de otro tipo, cometido por el autor contra la mujer, independientemente que el hecho haya sido denunciado o no por la víctima;

b) que el autor se hubiere aprovechado de cualquier condición de riesgo o vulnerabilidad física o psíquica en que se encontraba la mujer víctima;

c) por haberse negado la víctima a establecer o reanudar con el autor una relación de pareja, enamoramiento, afectividad o intimidad;

d) que previo a la muerte de la mujer el autor hubiere cometido contra ella cualquier conducta que atente contra la libertad sexual;

e) cuando el homicidio se cometiere en presencia de las hijas o hijos menores de edad de la víctima o del autor”.

¿Cómo definiría al proyecto sobre femicidio?
Yo creo que es un proyecto trascendente, importante, que forma parte de una cantidad de instrumentos que tenemos que poner a disposición. No sólo aquellos de carácter legislativo sino políticas públicas que estén vinculadas al tema en cuestión. Sin embargo, tenemos que tener presente que no es la panacea ni la solución al problema sino que es una herramienta fuerte para combatir la desigualdad que existe entre hombres y mujeres.
En el proyecto se propone, por primera vez, una tipificación, en nuestro ordenamiento jurídico, de un delito con ciertas características. Y la verdad es que es imperiosa la aprobación de dicha iniciativa. El femicidio es un delito que ya está definido a nivel internacional. Naciones Unidas también lo ha tomado y lo ha catalogado de esta forma. Teníamos dos iniciativas, en el senado, vinculadas a eso pero resolvimos juntarlas y darles esta rápida aprobación en función de una realidad que cada vez nos está golpeando más.

¿Habrá votos suficientes como para aprobar el proyecto?
La votación va a ser afirmativa. En la comisión se votó por una unanimidad y hay una fuerte voluntad política en los cuatro partidos políticos por votar de forma positiva a este proyecto. No tengo ninguna duda de que va a haber una votación ampliamente mayoritaria.

¿Cómo describiría la situación de la mujer en Uruguay?
Yo creo que, actualmente, las mujeres, en Uruguay, siguen peleando por sus derechos. La historia de las mujeres, no sólo la de nuestra sociedad sino que también la de la humanidad, es un relato de lucha y reivindicación. Tenemos una sociedad con conceptos culturales muy arraigados, machistas, patriarcales y muy misóginos que han obligado a que los avances en los derechos de las féminas siempre hayan sido consecuencia de los movimientos de mujeres, de la colaboración mujeres y parlamentarias, de la lucha mancomunada y de hombres que han asumido el tema con responsabilidad.
Sin embargo, es un problema que todavía tiene muchos debes; no sólo desde el punto de vista de la violencia, sino que también en otras áreas: participación política, remuneración vinculada a iguales tareas, iguales salarios salarios, y a una cantidad de cuestiones vinculadas a los roles que históricamente se definieron en la sociedad y que hoy los hechos muestran que se han cambiado por lo que es necesario adecuar conductas, patrones culturales y legislación a esa nueva realidad.

¿Cuáles son las actitudes de la sociedad que impiden realizar el cambio con mayor rapidez?
Antes que nada, lo primero es ir generando un cambio en la mirada de la sociedad, vinculado a los roles históricos que no son inventos de la sociedad uruguaya sino que son algo que se dio en todo el mundo. Los roles históricos consisten en que el hombre es el proveedor, el que sale, trabaja y la mujer es la que cuida, en su casa, a su familia.
Esos roles se ven en todos los ámbitos, desde la educación cuando tenés un libro que dice “Mamá amaza la masa”, desde la cuestión cultural de que las mujeres son las que cocinan y cuidan y, también, desde la lógica de que las mujeres tienen que estar sometidas a obediencia con respecto a los hombres. Existe una gran postergación histórica de las mujeres a actuar en ciertos roles como, por ejemplo, la participación activa de la vida política y el derecho al voto, que lo tuvimos mucho después que los hombres.
Por tanto, la cuestión pasa porque hay que tener una mirada integral. Actualmente las sociedades han cambiado; aquella historia que viene de las tradiciones más ancestrales de los roles preestablecidos no existen. Las comunidades entraron en crisis y las mujeres tuvieron que salir a trabajar por necesidad. Con esta exposición a la vida pública, las féminas descubrieron que el mundo del trabajo no es un asunto ajeno. Y eso genera la necesidad de un cambio. Es preciso modificar las pautas culturales y los estereotipos.
Aquello de que las nenas se tenían que vestir de rosado y los varones de celeste cada vez más parece ser una tontería. Hay que centrarse en los mínimos detalles como ese y, también, en las cosas más profundas.
El problema es que los procesos culturales no se realizan apretando un botón, sino que requieren de una serie de medidas desde el punto de vista de las políticas públicas, la legislación, la educación y las expresiones culturales que hagan que la sociedad nuestra, pero también a nivel de América Latina, sea más igualitaria. Esto no quiere decir que nosotras nos transformemos en hombres.
Lo que se pretende con ello es tener una igualdad en cuanto a los puntos de partida, en los accesos al derecho inminente que tienen las personas por el hecho de ser humanos, independientemente de que sean hombres o mujeres.
Y esa es la tarea más grande que hay pendiente. Se van quemando etapas pero aparecen nuevos desafíos. Tenemos que no discriminar ni producir roles que vienen de generación en generación, pero que no tienen ninguna lógica para que sigamos manteniéndolos.

¿Cree que este proyecto se relaciona con el Sistema Nacional de Cuidados?
Lo primero que quiero decir es que el proyecto del Sistema Nacional de Cuidados es visto, en el mundo, como un ejemplo, donde se está viendo adaptarlo a otros países.
En segundo lugar, el Sistema Nacional de Cuidados tiene que ver con modificar, además del punto de vista cultural e instrumental, los roles históricos asignados a las mujeres en cuanto a cuidadoras de los niños y niñas, de los adultos mayores, de las personas con discapacidades, a nivel de las familias.
Y es por eso que, en el primer período de gobierno del Frente Amplio, se estableció el Plan de Equidad en cuanto a derechos y oportunidades y luego, ahora, en una etapa posterior, ya no tenemos las prioridades que teníamos hace diez años como era el Plan de Emergencia.
Actualmente estamos dando pasos cualitativos. El Sistema Nacional de Cuidados tiene como finalidad incorporar los colectivos más vulnerables como, por ejemplo, las personas con discapacidades, los niños y niñas pequeños que no son autovalentes y los adultos mayores que tienen esas dificultades también. Por tanto, este plan también intenta modificar los patrones culturales machistas.

¿Qué otras medidas o leyes se pueden plantear para mejorar la situación?
La situación de las mujeres se está analizando desde varios ángulos. Desde el punto de vista legislativo, tenemos el proyecto contra el feticidio y la Ley Integral contra la Violencia de las Mujeres. Dicha normativa ha modificado al Código Civil y al Código de Proceso Penal y define distintas formas de violencia por lo que marca directrices para las políticas públicas en las diferentes áreas, tanto en la salud, en la educación, en la seguridad, como en la defensa.
En términos generales, es un instrumento muy potente que va a modificar toda esta situación. También tenemos aprobada, con media sanción en el senado, la llamada Ley de Cuotas, que buscar revertir el déficit, que existe en nuestro país, en materia de participación política de mujeres que.
Esto hay que hacerlo porque no hay democracia firme, que se sostenga, si la sociedad no se ve representada por hombres y mujeres. También trabajamos y mejoramos la Ley de Licencias Paternales y se determinó que, por cada hijo, las mujeres tienen un año de reconocimiento de la jubilación. Además, está la Ley de Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos, que es un iniciativa clave.

¿Cómo está nuestro país con respecto a la región y al mundo?
En algunos parámetros, Uruguay está en el pelotón del mundo. En algunas cosas, tenemos profundas dificultades. En el caso del femicidio, los números son bastante alarmantes, en otras materias estamos bien ubicados en el mundo. Creo que falta hacer el clic para que eso se traduzca en derechos también. Por ejemplo, en la matrícula universitaria ingresan más mujeres que hombres.
Sin embargo, en el momento de acceder al trabajo a igual capacidad se opta por un hombre por una cantidad de cuestiones culturales, entre las que está la idea de que la mujer se va a embarazar y el empresario tendrá la obligación de brindarle una licencia. Ahora, comparándonos con el mundo estamos, reitero, en una media de Latinoamérica saludable hacia arriba pero, todavía, con muchas deficiencias.
Eso también tiene que ver con que nosotros tenemos una sociedad que no tiene etnias, que no tiene comunidades indígenas con tradiciones muy arraigadas, que sean más difícil de revertir sino que tenemos más facilidad para influir en algunas cosas. Por otro lado, tenemos algunos inconvenientes vinculados a ese machismo, que sigue imperando en nuestra sociedad y que está exacerbado con una especie de aumento de la violencia generalizada y de dificultades de la convivencia cotidiana.

¿Cómo han actuado los medios de comunicación con respecto a este tema?
Con reacciones variopintas te diría yo. Hay y ha habido un buen apoyo comunicacional para hechos puntuales. Por ejemplo, el 25 de noviembre, que es el Día Internacional de Lucha Contra la Violencia de las Mujeres, hay un fuerte aporte de los comunicadores.
Pero también hay un rezago en materia de información cuando se habla de los crímenes pasionales, ya que se da por sentado que esto es natural. Yo creo que, igualmente, toda esta situación vinculada a la violencia ha abierto nuevas formas de comunicación, de pensar y de rechazar estas cosas. Sin embargo, todavía, a nivel de los medios, se puede hacer más, como también se puede producir mucho más a nivel de las políticas públicas.

¿Qué considera sobre el lenguaje inclusivo?
Es también muy importante lo del lenguaje. Yo no me afilio tanto a decir todos y todas y, en esas palabras, ya dar por sentado que estamos incluyendo. Yo creo que hay otras formas de inclusión que tienen ver con lo comunicacional pero que nos competen, por su puesto, a todas y a todos. En realidad, la historia de la humanidad se construyó hablando del hombre. En la Declaración Universal se escribe sobre los derechos del hombre, tomando al mismo como el representante de la especie humana y olvidándose con ello a las mujeres.
Por tanto, yo creo que hay que empezar a introducir un lenguaje más inclusivo porque va ayudar a generar un avance cultural. Me parece buena la incorporación de nueva terminología. Por ejemplo, en el Parlamento hay hombres que no incorporan el término presidenta cuando se dirigen a la jerarca de cámara.
Esto quiere decir que sigue existiendo, en el subconsciente, que el término presidenta no es posible que exista porque antes era impensable que una mujer pudiera llegar a un cargo de poder. Con esta situación, me parece que no es menor la necesidad de incorporación de nuevas terminologías que hagan posible la comprensión y visualización de una nueva realidad.

¿FEMICIDIO O FEMINICIDIO?
El Ministerio del Interior aclaró días pasados las diferencias entre este concepto y el de ”feminicidio”. El “femicidio”, explica el Ministerio, es un término acuñado en la década del 70 que busca visibilizar los homicidios de mujeres por el hecho único de ser mujer.
“Ni siquiera se discute si tiene que ser mayor pena, menor o igual… el objetivo primario es visibilizar; concientizar lo que está pasando”, había explicado tiempo atrás July Zabaleta, directora de la División Políticas de Género del Ministerio del Interior, en una entrevista publicada por esa misma cartera.
El “feminicidio”, en tanto, si bien refiere a las muertes de mujeres por su género, “responsabiliza al Estado como quien favorece la impunidad en estos hechos”. Según el Ministerio del Interior, es por esa razón que en Uruguay se maneja el término de “femicidio” porque “nuestro Estado está trabajando fuertemente en esta área”, había apuntado Zabaleta.
“Es cierto que siempre los esfuerzos son insuficientes porque además de que nos atraviesa a todas las personas, todo proceso de cambio es justamente un proceso y necesita de un tiempo. Pero no podemos decir que en el caso de Uruguay los femicidios sean crímenes de Estado. Si bien es un horror lo que pasa no es porque no se estén haciendo los esfuerzos necesarios para modificarlo”, expresó.

EL CRITERIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA
A diferencia de esta distinción realizada por el Ministerio del Interior, y que tiene un trasfondo político,la Real Academia Española incorporó en su diccionario el término feminicidio, al que define como “asesinato de una mujer por razón de su sexo”.
La Fundación del Español Urgente destaca que esta palabra debe emplearse “no solo para hacer referencia al asesinato individual de una mujer, sino también para referirse al homicidio sistemático de mujeres, en especial en contextos donde no existe un fuerte reproche social o cultural de estos hechos”.
En este sentido, la organización recomienda “evitar la forma ‘femicidio’, calco del inglés femicide”.
Asesinato de una joven, reaviva debate en Argentina
En Argentina, está planteada una discusión similar a nivel político. La cuestión es endurecer las penas para casos de femicidio. El Senado de la Nación de ese país buscará aprobar en las próximas semanas un proyecto de ley que para restringir las excarcelaciones para delitos graves, que ya recibió media sanción en la Cámara de Diputados a fines del año pasado.
La iniciativa propicia modificar la Ley 24.660 sobre “Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad” para prohibir la salida anticipada de la cárcel a los autores de delitos violentos como “homicidio simple”,hechos “contra la integridad sexual” y la “privación de la libertad seguida de muerte”, entre otros.
La iniciativa será tratada hoy en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales, que preside Pedro Guastavino. Sin embargo, previo a ese plenario está prevista una reunión de los jefes de bloque del Senado con la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich.
El objetivo del gobierno argentino será apurar el tratamiento de esa norma como consecuencia del asesinato de la joven Micaela García a manos de Sebastián Wagner, quien había sido excarcelado por un juez de Entre Ríos tras cumplir sólo dos años de su condena de nueve por dos violaciones.

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