Álvaro García, director de la OPP: “Nosotros hemos sido extremadamente austeros” con el gasto público

Quienes dicen que en Uruguay los costos son altos deben “transparentar” su “modelo”, que puede llevar a “retrocesos” Quienes dicen que en Uruguay los costos son altos deben “transparentar” su “modelo”, que puede llevar a “retrocesos” Nicolás Der Agopián

Quienes dicen que en Uruguay los costos son altos deben “transparentar” su “modelo”, que puede llevar a “retrocesos”

Podés perder la calma y la paciencia, alguna vez las ilusiones, pero no podés perder la memoria.

Entrevista de Ismael Grau, Búsqueda, 17/01/2019
Álvaro García, el director de Planeamiento y Presupuesto, piensa y luego recita esa frase de la retirada que le escribió a la murga Cayó la Cabra para el próximo Carnaval. No hay referencias directas a cuestiones políticas, pero entrando en un año electoral es fácil darles una interpretación de ese tipo a sus estrofas. En la entrevista que mantuvo con Búsqueda, García se refirió al riesgo de que Uruguay sufra “retrocesos” si el Frente Amplio es desbancado por un partido tradicional.
A su juicio, lo que está en juego en esta campaña es el “modelo” de país, pero el alternativo al actual no está dicho claramente por la oposición. “Explicitemos, transparentemos. ¿Queremos tener una economía precarizada en materia laboral pero que pueda tener resultados extraordinarios para algunas actividades empresariales subestimando el desarrollo social y que muchas veces deja de lado lo ambiental?”, fustigó.

—Antes de entrar en el año electoral algunos decían que este gobierno ya estaba terminado. Quedan unos 380 días. ¿Cuáles son las prioridades para lo que queda del mandato?
—En el discurso político puede entrar cualquier cosa; esa es una afirmación que no tiene asidero. El presidente repasó en el foro de ADM los 10 puntos que había planteado antes de iniciarse el gobierno con una mirada clara y sincera sobre los cumplimientos y lo que está pendiente. Me remito a eso.
Desde la OPP, pero no solo, hemos tirado algunas líneas que son la agenda de trabajo del Uruguay del futuro. Nos preocupa muchísimo que en la discusión política se hable de cosas del pasado y del corto plazo, cuando para llegar a los acuerdos imprescindibles que debe tener el país se debe tener una mirada de futuro.
Ya hemos presentado más de una decena de documentos sobre temas sustanciales, que deberían estar en la agenda de todos los partidos. Y de aquí a abril, para que estén disponibles para el tiempo electoral, presentaremos el análisis de la mirada del Uruguay productivo en adelante para seis complejos estratégicos. Además, hay dos conceptos que estamos tratando de trabajar —economía circular y digitalización—, que tocan todo e implica una posibilidad de eficiencia económica muy importante, de un cambio radical. Todo esto tiene que estar sobre la mesa para la discusión pública con nivel, para contribuir a un imaginario de Uruguay que dé un salto cualitativo hacia delante.
Y vinculado con otro rol que nos tiene como coordinadores, están los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la agenda para 2030 de las Naciones Unidas. Es una visión equilibrada de lo económico, lo social y lo ambiental. Gran parte de las discusiones cotidianas que tenemos es por ver estas cosas por separado. La agenda más larga pasa por ahí, por discutir qué modelo de país queremos ser. Explicitemos, transparentemos. ¿Queremos tener una economía precarizada en materia laboral pero que pueda dar resultados extraordinarios para algunas actividades empresariales subestimando el desarrollo social y que muchas veces deja de lado lo ambiental?

—¿Ve en la campaña electoral un discurso a favor de la precarización laboral y de ganancias empresariales a cualquier costo?
—Lo veo. A veces no se dice explícitamente, porque es muy incómodo. Pero se sobreentiende. Por eso es importante transparentar los discursos.
Hemos tenido aquí a algunos ministros de Paraguay para promover a su país con diferente legislación a la que tiene Uruguay. Y hay mucha gente en Uruguay que habla bien de eso. Es una opción. No juzgo a Paraguay, un país hermano y que ha sufrido mucho. Pero sí me posiciono desde Uruguay, que ha elegido lo correcto para todos los uruguayos, no para algunos.
Cuando se dice que el costo salarial es alto y que somos un país caro, por detrás está ese discurso. El desafío no está en quitar derechos sino en dar un salto cualitativo, por crecer, y Uruguay puede hacerlo.

—¿Dice que no hay un problema de “costo país” alto y de competitividad? La preocupación por esos aspectos la señalan muchísimos empresarios, y lo muestran diversas encuestas…
—No niego que haya cosas que puedan ser mejorables.
Lo que nos brinda herramientas para tener una mirada más amplia son las 12 dimensiones que toma el Foro Económico Mundial, más básicas, más duras…

—Uruguay no sale muy bien parado en ese ranking de competitividad, está a media tabla…
—¡Tampoco estamos tan mal, eh! Y le paso un dato: cuando cambie la metodología este año y pase a haber más datos duros que lo que era anteriormente, que era mucho de opinión, el país mejora.
En el nivel en que está Uruguay, donde es muy importante la mejora en la innovación y la sofisticación de los negocios, tenemos mucho para hacer. Y eso es básicamente dentro de la empresa. Porque la competitividad es algo complejo y no es solo el tipo de cambio; ese es un mensaje que logramos transmitir.
Entonces, hay que atender todos los frentes y mejorar en materia de costos, a través de la eficiencia. A eso hemos apuntado.

—El Estado pesa en los costos. ¿Se avanzó en eso tanto en la administración central como en las empresas públicas? Porque lo que dice el precandidato blanco Luis Lacalle Pou y su asesora económica Azucena Arbeleche es que se debe corregir el desequilibrio fiscal básicamente por la vía de mejoras de eficiencias, para así poder aliviar la carga fiscal.
—Una gran tarea que van a tener los periodistas este año es ver si son compatibles los discursos de los candidatos presidenciales con lo que opinan sus asesores económicos.

—¿Hay contradicciones?
—Ya las hubo en la campaña pasada. ¡No se puede decir alegremente: “Voy a bajar tales impuestos”, y no decir cómo lo voy a hacer!

—¿Hay o no espacio para mejorar la eficiencia del gasto público?
—Hoy, en el presupuesto nacional, uno de cada cuatro pesos es previsión social. Eso lo va a tener cualquier gobierno, a no ser que propongan otra cosa en la campaña. Sumando educación, se está casi en la mitad del presupuesto. Las otras prioridades son salud y seguridad. Entonces, la acción sobre el presupuesto es acotada. En gasto de funcionamiento, partimos de una línea de base en promedio 88% de lo que era lo anterior. Son las acciones que se pueden tomar y que en los grandes números es difícil que muevan mucho la aguja, aunque es necesario tomarlas.
En materia de personal, en la administración central se ha reducido la cantidad de funcionarios y, de hecho, hay reclamos de sindicatos o de nuestros propios colegas de la necesidad de incorporar gente, porque se han ido muchos.
Se bajó el gasto en publicidad, misiones, en horas extra…
En las empresas públicas algo similar: vamos a cerrar el período de gobierno con un 15% de reducción real del gasto. Algunos hablan de despilfarro al referirse a la pérdida patrimonial en Ancap; ¡eso es una falacia, porque eso ya sucedió! ¡Ya se capitalizó, ya está, y hay que pensar para adelante!

—Aun con todas esas medidas hay un déficit fiscal que en períodos anuales ha estado persistentemente por encima de los US$ 2.000 millones o 3,5% del Producto Bruto Interno. ¿Es un desequilibrio estructural, que no se puede bajar?
—Nosotros hemos sido extremadamente austeros. Estamos mirando permanentemente la austeridad, se lo puedo garantizar. Trabajamos con la mayor austeridad posible y por tanto, me parece injusto cuando se habla de despilfarro. Me consta que en general es una visión compartida por todos y en particular, es la impronta del presidente Vázquez. La austeridad ha dado frutos.
Por otro lado, tenemos que encarar algunos temas para el Uruguay del futuro y por eso se ha ido implantando la necesidad de una reforma previsional. Tenemos tiempo de hacerla sin perder derechos. Esto debería estar en la campaña; si yo fuera asesor de algunos de los candidatos de la oposición estaría preocupado y debería ocuparme responsablemente de este tema.
El sistema político debería tener una conciencia muy grande sobre todo esto, y me remito a la discusión sobre la reforma de la “caja militar”, por ejemplo. Muchas veces, cuando se plantea que las soluciones pueden estar en las manos de un ministro de Economía o de un director de la OPP, bueno, en realidad las soluciones están en manos de todo el sistema político a favor de determinadas reformas.

—Insisto con la cuestión del “costo país”. ¿UPM haría otra gran inversión en Uruguay si no se le da la ventaja de operar sin pagar impuestos desde una zona franca, si no se le garantiza la paz sindical y una infraestructura logística adecuada? Todo eso es a lo que aspira cualquier empresa.
—Se trabaja a diario para tratar de darles eso a todos.
En este tema de UPM hay dos cosas fundamentales. Una es la localización de la posible tercera planta, que permite actuar frente al menor desarrollo relativo en el centro y el noreste del país. Jamás hubiera sido lo mismo si esta propuesta hubiera sido para instalarse en Montevideo. Segundo: las herramientas que se le dan están disponibles para todos, aunque en este caso ha pesado mucho el volumen de la inversión privada. Son unos US$ 4.000 millones, sumando los US$ 2.300 millones en la fábrica más la inversiones en toda la cadena —desde plantaciones, equipamiento, camiones, cosechadoras, etcétera—, además de US$ 260 millones en el puerto. También hay inversiones públicas con un valor de obra de US$ 800 millones en el ferrocarril, y más de US$ 250 en rutas y puentes.
Entonces, todas las herramientas utilizadas son las constitucionales y legales que el Uruguay tiene planteado. Si hay un planteamiento de eliminar las zonas francas…

—El planteo que hacen los empresarios no es eliminar las zonas francas sino poder operar con una menor carga de impuestos.
—Las condiciones impositivas exclusivas son en la zona franca por una inversión de US$ 2.300 millones en un determinado lugar del país. Y UPM va a generar US$ 120 millones de tributos por año, como la primera planta genera US$ 107 millones anuales. No hay que olvidarse que la zona franca es el enclave de la planta, pero esto tiene, aguas abajo y arriba, enormes implicaciones. Serán 400 trabajando dentro de la planta, pero habrá otros 8.000 empleos directos e indirectos permanentes.
Estos son los beneficios que tiene Uruguay, ¡Vamos a tener un ferrocarril del siglo XXI! ¿Acaso pensamos que esa entrada al puerto a flor de piso por detrás de la Torre de Antel tiene que implicar kilómetros de colas de camiones y autos? Esto es una oportunidad que se le da al país para hacer un salto en infraestructura, que va a ser utilizada también por otros sectores.

—Si UPM finalmente resuelve por alguna razón que no hace la inversión en su segunda planta, ¿el Ferrocarril Central sigue siendo rentable?
—¡Sí señor! Sigue yendo adelante.

—¿Pero sería un proyecto rentable? O va a quedar un tren…
—¡…y bueno, saquémosle la rentabilidad a todas las carreteras que hacemos! Tienen rentabilidad social. El tren va a hacer viables algunos negocios vinculados a la reducción de costos que se da con la mejora del ferrocarril.
En cualquier caso, la hipótesis planteada en la pregunta la entendemos lejana en función de todos los pasos que hemos ido dando. Esperamos de UPM una decisión positiva.

—Al inicio de la entrevista cuestionó algunos “discursos” de dirigentes de la oposición del “modelo” adoptado por el Frente Amplio. Si se diera un cambio de partido de gobierno, ¿Uruguay sufriría un retroceso?
—En materia de esa visión económica, social, ambiental, que se ve reflejada en los países europeos y en especial los nórdicos, podemos tener retrocesos.

“Valoremos esta estabilidad”

¿Cómo ve el desempeño de la economía y qué se espera para este año?
—Venimos de 15 años de crecimiento y eso es muy satisfactorio, aunque obviamente no sostuvimos el ritmo. Sorteamos incluso la problemática de los socios principales y mantuvimos el desacople.
Para 2018, en la Rendición de Cuentas previmos un crecimiento de 2,5% y de 3,3% para 2019, cuando ya no estará el problema en la soja.

—Los analistas en general hacen proyecciones mucho más modestas. ¿Son visiones excesivamente pesimistas?
—Hay que ver las estadísticas de cómo cerró el 2018; ha habido sorpresas. Ha habido muchos augurios de recesión en varios momentos, y la recesión no se ha dado. Mantengamos la política de cautela y de responsabilidad.

—¿Cómo puede afectar a Uruguay, en lo económico y lo electoral, la situación de Brasil, ahora con Jair Bolsonaro como presidente?
—Es una gran incertidumbre cómo va a reaccionar Brasil. Porque si bien puede haber un reencauce del crecimiento económico, también puede haber una situación perjudicial de proteccionismo.
El fenómeno de Bolsonaro hay que leerlo como Uruguay y como izquierda. Hay un discurso ideológico y cultural que es importante reforzar, y no me refiero a uno sesentista sino moderno y de futuro. Nuestros precandidatos están en línea con ese discurso y la renovación lo va a impulsar de manera importante.

—¿Y cómo afecta la situación de Argentina?
—En este caso ya venimos con una situación complicada. Hubo una devaluación fortísima del peso argentino: acá inmediatamente se planteó el gran atraso cambiario que teníamos y que había que devaluar, como si eso fuera una cosa tan sencilla. Y nosotros dijimos: “No, hay que mantener la política”. Porque Argentina ha vuelto al ciclo histórico de carrera desenfrenada entre tipo de cambio e inflación. En el corto plazo hace daño, pero en el mediano plazo lo único que genera es inestabilidad. Eso lo conocemos en Uruguay: valoremos esta estabilidad.

El “hecho positivo” del equipo que no se toca

Hay un desgaste natural del gobierno, y también de sus figuras. Por ejemplo, los ministros Bonomi y Muñoz han sido muy cuestionados. ¿No hubiera sido conveniente un recambio en el gabinete antes de entrar en el año electoral?
—Son decisiones del presidente de la República. Esto es como un cuadro de fútbol: uno puede estar dentro del cuadro, y de hecho lo estoy, o puede estar afuera. El director técnico es el presidente.

—Estando dentro de la cancha, podría comentarle al técnico que un compañero no está rindiendo y que eso perjudica al equipo. ¿No se ha discutido eso?
—Hablamos de todos los temas. Ha sido una decisión del presidente mantener al gabinete prácticamente incambiado en todo el gobierno. Lo podemos ver del otro lado, como un hecho positivo; muchas veces se ha criticado el cambio permanente de ministros.

—¿Qué le parece la oferta de precandidatos presidenciales del Frente Amplio?
—La renovación se da con los cuatro precandidatos y ofrecen un buen paneo de todo el espectro del Frente.

—¿Y cómo ve a oposición política?
—La oposición generó su proceso de renovación, aunque ahora parece que hay algunos retrocesos; parece que está volviendo Sanguinetti.

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