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Uruguayos por el mundo, vota el que puede, no el que quiere

El voto de los uruguayos en el exterior, un tema que involucra a muchos y nos debiera interesar a todos El voto de los uruguayos en el exterior, un tema que involucra a muchos y nos debiera interesar a todos

POR JOAQUÍN RECALDE Y FLORENCIA AGRAFOJO


En estos últimos meses se ha vuelto a poner sobre la mesa el tema del voto de los uruguayos en el exterior, al cual han adherido organizaciones sociales como la Coordinadora del Voto en el Exterior (CVE), Ronda Cívica, y partidos políticos: el Frente Amplio, el Partido Independiente y Unidad Popular en su totalidad, y algunos integrantes del Partido Colorado y del Partido Nacional. De todas maneras, debe ser un tema que ocupe al sistema político en general y a la sociedad en su conjunto, ya que se trata de inclusión, de igualdad de oportunidades y derechos.
Primero lo primero: las normas fundamentales, como lo son la Constitución Nacional y el Pacto de San José de Costa Rica, amparan el derecho y la obligación de votar de nuestros compatriotas.
El artículo 77 de la Carta Magna define que “Todo ciudadano es miembro de la soberanía de la nación, como tal es elector y elegible (...)”, y no excluye a los que viven en territorio extranjero.
Por otra parte el artículo 81 menciona que “La nacionalidad no se pierde ni aun por naturalizarse en otro país, bastando simplemente, para recuperar el ejercicio de los derechos de ciudadanía, avecinarse en la República e inscribirse en el Registro Cívico (...)”. Suele confundirse el concepto de naturalización con el de residencia. Naturalizarse en otro país significa hacerse ciudadano natural del mismo, y residir es estar viviendo en otro territorio. El artículo 81 menciona “naturalización” y no “residencia”, así que este último concepto sigue sin ser impedimento para poder ejercer el derecho de votar de los ciudadanos de la diáspora.
En el año 2009 se plebiscitó una de las modalidades para el ejercicio del derecho fuera de fronteras, el Voto Epistolar, que no fue aprobado. El proyecto impulsado por el ex senador y constitucionalista José Korzeniak consiste en la emisión del sufragio mediante una carta enviada desde el exterior. Hoy en día lo que está sobre la mesa es la opción del Voto Consular, que no requiere de un plebiscito para instrumentarse y que obliga a quien quiere ejercer el derecho a dirigirse al Consulado más cercano, pudiendo existir consulados itinerantes, y sufragar en un circuito, tal como lo hacemos los que vivimos en territorio uruguayo. Esta modalidad da garantías, como preservar el voto secreto, lo que no se contemplaba anteriormente.
Dicho esto, se llega a la conclusión de que legalmente lo que falta, en primera instancia, es una Ley Interpretativa de la Constitución Nacional que garantice el derecho a votar cuando estamos en el exterior. Según el abogado constitucionalista Alberto Pérez Pérez, este tipo de proyectos no requieren de mayorías especiales en las Cámaras, ya que no se trata de una Ley Electoral ni de una modificación en el Registro Cívico. Igualmente no sería suficiente con aprobar un proyecto interpretativo; el próximo paso debería conistir en instrumentar el voto, y eso sí implica modificaciones en la Corte y el Registro, por lo que serían necesarios los dos tercios del total de componentes de ambas cámaras.
Entonces, legalmente, todo está muy claro, pero sin embargo existen actores políticos importantes de nuestro país y una gran cantidad de compatriotas que se oponen al voto de los uruguayos en el exterior, utilizando fundamentos como: “si no paga impuestos acá, no pueden votar”; “si no aguantan lo que pasa acá que se jodan”, o “viven afuera, no tienen idea de lo que pasa acá”.
“SI NO PAGAN IMPUESTOS ACÁ, NO PUEDEN VOTAR”
Este es un mito muy fácil de rebatir, ya que no todos los ciudadanos residentes en nuestro país pagan impuestos, ni todos los no residentes están exentos de los mismos. Por ejemplo, un adolescente de 19 años que estudia pero no trabaja no paga impuestos, y no por eso se le niega el derecho al voto. En cuanto a los no residentes, puede haber varios casos:
A. Ciudadanos que mandan remesas a sus familiares, que se ven alcanzados por impuestos a la hora de ingresar al país.
B. Ciudadanos que perciben una renta de fuente uruguaya y deben pagar el Impuesto a la Renta de los No Residentes (IRNR), pudiendo, por ejemplo, estar trabajando para una empresa uruguaya desde el exterior, aportando inclusive a la seguridad social en Uruguay, pero viéndose imposibilitados de elegir a quienes legislan sus normas laborales.
C. Ciudadanos que se encuentran fuera del país por vacaciones, trabajo, tratamiento médico u otros motivos y que son residentes uruguayos y pagan sus impuestos, pero por coincidir su estadía en el exterior con el período electoral no pueden votar.
“SI NO AGUANTAN LO QUE PASA ACÁ, QUE SE JODAN”
Los uruguayos residentes en el exterior no son enemigos ni traidores; son compatriotas, que seguramente extrañan comerse un “choripan” en el estadio, el asado los domingos o el mate en la rambla. No olvidemos que la mayoría de esos uruguayos se vieron obligados a irse en tiempos de crisis, como en el 2002, en busca de mejores condiciones de vida, o en tiempos de la dictadura, en los cuales por defender la democracia -para que nosotros y vos pudiéramos votar-, tuvieron que exiliarse. Aunque hayan soportado lo que pasó acá, la soga se apretó hasta que tuvieron que emigrar, dejando inclusive un legado tan grande como la familia y los seres queridos. No les quedó otra opción que mantenerse en el exilio. Cabe preguntarse si aquellos que hoy reclaman que los no residentes se hayan ido se pusieron a pensar lo que significa extrañar el lugar al que los vincula un legítimo sentido de pertenencia. De alguna manera nuestros compatriotas en el exterior siguen padeciendo las consecuencias de aquella crisis o de aquella dictadura al estar lejos.
“VIVEN AFUERA, NO TIENEN IDEA DE LO QUE PASA ACÁ”
Uruguayos, seamos honestos. Seguramente hay en el exterior compatriotas informados de la situación nacional gracias a las nuevas tecnologías, y más comprometidos que muchos residentes en nuestro país. No viven en una burbuja por estar en el exterior, ni pierden el contacto con el Uruguay. A la vista están las colectividades de uruguayos en distintos países que colaboran y se preocupan por nuestro país.
Haciendo una comparación didáctica, nadie pide que los jugadores que tienen en sus manos el destino de la selección uruguaya de fútbol vivan en el país. Luis Suárez, por ejemplo, vive en Barcelona y aunque puede integrar nuestra selección, no puede votar por vivir en el exterior.
Ahora bien, los uruguayos en el exterior pueden votar. Pero solo aquellos que tienen los recursos económicos y las condiciones laborales como para tomarse licencia y venir al país en las elecciones; y no vemos a nadie queriéndoles negar ese derecho. Además, venir a votar le cuesta más a un uruguayo en Europa que en Argentina, por una evidente razón de distancia. Esas condiciones que existen actualmente generan desigualdades y exclusión a la hora de acceder al derecho y cumplir con la obligación de votar. Es así que si el sistema político se compromete a generar una mayor inclusión para los uruguayos en el exterior, el voto consular debería ser un derecho garantizado.
En consecuencia, aunque nos separen cientos o miles de kilómetros, nos une un país, una patria, una nacionalidad, una familia, un sentimiento único: el ser uruguayo. Lo que importa es lo que nos une, no lo que nos separa.
Orientales en la vida, y en la muerte también. Sí al voto consular.

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